17 de febrero de 2026 · Luna Nueva y Eclipse Solar en Acuario (17.02)
Llegamos cuando el sol comenzaba a inclinar su memoria
sobre las espaldas antiguas de las dunas.
No era una llegada.
Era un reconocimiento.
El aire, seco y transparente,
nos miraba como quien recuerda
algo que nunca se perdió,
solo esperaba.
Los hombres amazigh no preguntan quién eres.
Observan tu silencio.
Porque saben que el desierto no recibe cuerpos,
recibe verdades.
El dromedario se levantó
con la paciencia de los siglos,
ese animal que no pertenece al tiempo,
sino al ritmo lento de lo esencial.
Dicen que puede caminar en la noche sin luna,
guiado no por la vista,
sino por la memoria de la tierra.
Cada paso era una renuncia:
al ruido,
al peso,
a la prisa
que aquí ya no tiene autoridad.
Erg Chebbi no es arena.
Es océano inmóvil.
Es montaña que respira.
Es el lugar donde los antiguos aprendieron
a escuchar lo invisible en el viento.
Los amazigh lo llaman territorio libre.
No porque no tenga dueño,
sino porque nadie puede poseer el infinito.
Nos contaron que, en las noches claras,
los ancianos encendían el fuego
y tocaban el tambor gnawa,
no para hacer música,
sino para recordar.
Recordar a los que cruzaron antes.
A los que caminaron buscando agua
y encontraron alma.
Cuando alcanzaste la cima,
el sol se rindió lentamente,
como si también él comprendiera
que había llegado al final de una forma de ser.
Y entonces ocurrió.
No habías venido a ver el desierto.
El desierto había venido a verte a ti.
Y en ese instante sin nombre,
sin pasado, sin futuro,
solo horizonte—
algo dentro de ti
recordó el camino.
Y volvió a casa.
Por Suloma Tahara. Para el INFINITO DE REGRESO A ÉL.